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Las Alas del Deseo: Historia de Aeroméxico a Través de Su Flota

Por Domingo Álvarez, Revista Aire no. 15

Voluntad y tecnología se reúnen para lograr el sueño de volar cada vez más alto y más rápido, garantizando siempre la seguridad de los pasajeros. Impulsados, sobre todo, por la ilusión de compartirlo con ustedes para descubrir juntos el mundo. Ésta es la historia de cómo se consolidó la flota para conseguirlo. 


Nuestro primer vuelo fue con un Stinson SR 

Mientras escribo estas líneas, alrededor de 80 aviones de Aeroméxico atraviesan el cielo. Son parte de la flota de 124 naves que, en un despliegue logístico que invo- lucra a tripulación, aeropuertos, mante- nimiento, tráfico aéreo y pasajeros, logra realizar 620 vuelos al día. Volteo al cielo y – ahora que ver aviones sobrevolando la ciudad no hace sino recordarnos que ya ningún continente es tan lejano – me sorprendo al pensar que hace apenas 80 años un pequeño Stinson con matrícula XB-AJI y un motor Lyncoming de 215 caballos de fuerza salía de la Ciudad de México, el 14 de septiembre de 1934, para aterrizar en la Playa de Hornos con cinco pasajeros que pagaron 30 pesos por la experiencia. Acapulco, por aire, estaba a dos horas de la capital.

El nacimiento de Aeronaves de México podría pasar por humilde si no fuera porque estuvo tan hinchado de esperanzas. Sólo levantar la mirada al firmamento es fascinante: como si se tratara de una esfera mágica, volteamos en busca de respuestas, sospechando siempre que ahí es en donde se guarda el futuro. Y sin embargo, son pocos quienes levantan el vuelo e intentan tocarlo. 

La Máquina de Tiempo

La aeronáutica es curiosa: mientras que su cuerpo es científico, se alimenta de optimismo. La norma es, simultáneamente, descubrir los límites y la voluntad de romperlos. Sin importar la época, siempre será un vehículo del futuro.

Desde sus primeros años, Aeronaves de México se enfocó en crecer su flota. A sólo una década de alcanzar Acapulco, a mediados de los 40, un escuadrón conformado por un Beechcraft 17, cuatro Bellanca Pacemaker CH-300, tres Boeings B-247 y cinco Avro Anson, entre otros, ya recorría el ponien- te del país. Todos ellos fueron aviones pequeños que, se aventuraron a descubrir las rutas que conectaron Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Sonora y la península de Baja California.


El Convair 340 fue nuestro primer avión con cabina presurizada. 

Una vez dominado el espacio aéreo, y aprovechando los avances que trajo la Segunda Guerra Mundial, se sumaron a las filas modelos que llegaron a conquistar nuevos terri- torios a lo ancho de México. Aeronaves como los DC-3, DC-4 –¡que volaba hasta con 54 pasajeros! – y el Convair 340, consolidaron la fuerza de la flota. Llegó el momento de superar otra frontera.


1. En sus viajes, el Britannia alcanzaba los siete mil metros de altura. 2. El DC-8, nuestro primer jet, volaba a más de 800 km/h. 


Sobrecargos con un DC-8 en 1968. Interior de un DC-8 en 1975. 

El Bristol Britannia 302 – “El gigante silencioso”, presumían los folletos – fue el pionero encargado de llevar a Aeronaves de México a Nueva York el 8 de diciembre de 1957. Con cuatro turbinas Bristol Proteus, alcanzaba una velocidad de crucero de 615 km/h. Pero más allá de cualquier gesto técnico, la leyenda del Britannia habla del lujo de viajar: llegar a NuevaYork fue un triunfo y cada vuelo se convirtió en una fiesta para celebrarlo.

Teatralmente, los sobrecargos vestían cuatro uniformes diferentes a lo largo del recorrido para atender a los 92 pasaje- ros que viajaban tanto en Primera Clase (con todo y salón para fumadores) como en Turista. La comida se preparaba a bordo del avión y se servía, literal- mente, en bandeja de plata. El 29 de noviembre, otra nave del mismo modelo inauguraba la ruta que conecta a Acapulco con Los Ángeles y en 1960 el Douglas DC-8 se hizo cargo de la ruta México-Nueva York, siendo nuestro primer jet. Cuatro años más tarde, ese mismo avión alcanzó Toronto y Montreal.


Los pequeños DC-9 utilizaban la tecnología de las grandes naves. 

La nueva década se recibía con 22 aviones viajando a 23 ciudades. 416,419 pasajeros volaban con nosotros. Con la inocencia y el arrebato de un joven que acaba de descubrir las verdaderas dimensiones del mundo, la aerolínea compró a la pequeña Guest Aerovías de México y en 1962 comenzó a operar sus rutas internacionales: cada país brillaba en el horizonte como un tesoro por alcanzar.

Panamá, Caracas y Bogotá se sumaron al portafolio de destinos y, el siguiente año, el DC-8 completó el itinerario México- Miami-Madrid. Al festejar 30 años de operaciones, Aeronaves de México recorría 45 mil kilómetros para tocar 40 ciudades. Ese año 673,329 viajeros fueron parte de la experiencia.

El 4 de marzo de 1968, el DC-6 voló por última vez, convirtiéndonos en la primera línea latinoamericana en presentar una flota integrada solamente por jets. El futuro cambió de rostro. 


1. DC-10, el primero de cabina ancha (dos pasillos al interior). 2. Con dos turbohélices, el Fairchild transportaba a 19 pasajeros. 

Todo está conectado

Navegar el cielo ya era un sueño realizado. La fantasía infantil de transportarnos por el aire se transformó, en los años siguientes, en la respon- sabilidad de hacerlo de modo más eficiente. Dos aeronaves se encargaron de la madurez de Aeroméxico – nombre comercial adoptado en 1971: el DC-9, ideal para operar rutas con poca demanda y aeropuertos no adecuados a los jets modernos, al mismo tiempo que ahorraba tiempo y combustible – y el DC-10 – un jumbo, capaz de realizar vuelos tran-soceánicos.

El resultado fue contundente: en 1974, Aeroméxico viajó con 2 millones 654 mil pasajeros. Bajo el mismo espíritu que buscaba aumentar las frecuencias, diseñar itinerarios útiles para los viajes de negocios, la mirada se fijó en las rutas regionales. En 1990 nuestra aerolínea compró Aerolitoral (que hoy se ha convertido en Aeroméxico Connect) y para ella destinó seis ejemplares del Fairchild Metro III que pronto llegaron a ser 27.  Se les unieron otros seis Saab 340, de la ensambladora sueca famosa por sus automóviles.


1. Dos motores bajo las alas, permitían que el B-757 volara a Estados Unidos, Sudamérica y Europa. 2. 38 Embraer RJ145 vuelan con Aeroméxico Connect.  

Al año siguiente comenzaría la exitosa relación de Aeroméxico y Boeing. El 29 de mayo, el Boeing 767 realizó el primer vuelo a Europa sin escalas. Se establecieron dos frecuencias semanales: una a Madrid y otra a París. El 13 de abril de 1999, con la llegada del vuelo AM006 de París al Distrito Federal, Aeroméxico completó un millón de operaciones. 


Boeing-777, el primero diseñado completamente por computadora. 

Con capacidad para 277 pasajeros, el Boeing 777, el avión comercial más grande en ese momento completó el 16 de noviembre de 2006 el primer recorrido México-Tijuana-Tokio. Sus dimensiones, innova- ciones tecnológicas – como el sistema fly-by-wire (operado digitalmente) – y el alcance, lo volvieron el estandarte con el que Aeroméxico eligió llegar a Asia. Un año y medio después, esa misma aeronave inauguraba la ruta México-Tijuana-Shanghái.

El legado del Boeing 777 es de responsabilidad y compromiso: ser la aerolínea más moderna del país. La embarcación que recibió la batuta es el 787 Dreamliner. Construido con 50% de fibra de carbono y dos turbinas GEnxTM – las más silenciosas del mundo –, el avión consume 20% menos combustible y es el más rápido de su categoría (volando a más de 910 km/h).

Un sistema de humedad y patrones de iluminación que, narrativamente, delinean las horas de vuelo como si pasara un día, contribuyen a reducir el jet-lag. Como su nombre sugiere, es la nave que recorre el camino de los sueños. La aviación ha vuelto a ser tema de fantasía. Una aventura que se inscribe en la tradición de pensar el futuro como una alternativa al presente. Justo ahora volteo al cielo y me vuelvo a maravillar...

Un avión pasa volando. 

=== (Fin del artículo) ===


Interior del Boeing 787-8 Dreamliner

En 2012 Aeroméxico firmó contratos con el fabricante de aviones Boeing para la adquisición de hasta 100 aviones de la firma Boeing por un valor de 11 mil millones de dólares, representando la mayor inversión de una aerolínea nacional en la historia aeronáutica de México. Incluye la compra de hasta 90 aviones de cabina estrecha Boeing 737-8 MAX y un total de 19 unidades de cabina ancha Boeing Dreamliner (nueve 787-8 y hasta diez 787-9) con interiores de Boeing Sky Interior

Grupo Aeroméxico fue la primera línea aérea latinoamericana en operar estos equipos. Forma parte de la renovación constante de flota que realiza Aeroméxico y cuyo objetivo es mantenerse como una de las más jóvenes en la industria a nivel mundial.