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La ciudad que soñó a sus habitantes

En Singapur la vida siempre va en hora: la ciudad palpita al ritmo de un mismo reloj. Un cronógrafo perfectamente sincronizado. Bienvenidos a la smart city más potente del mundo.

Por Pablo L. Orosa / Foto Lauryn Ishak

 

8:00

Es un domingo caluroso. Un cielo encapotado tamiza el sol abrasador del Índico. En el metro, un grupo de jóvenes consulta la calidad del aire, preocupados por las últimas noticias sobre el humo que desde hace días remonta la costa desde la isla de Sumatra. En Singapur, convertido en apenas 50 años en uno de los países más desarrollados del planeta con el tercer PIB per capita más elevado, 85.198 dólares, todo el mundo está conectado. La penetración de la telefonía móvil alcanza el 140%: una gran fuente de información que convierte a Singapur en un singular “laboratorio social”. Los 5,4 millones de habitantes –el país cuenta con la tercera densidad de población más elevada del mundo– ofrecen datos en tiempo real de lo que está sucediendo. Del consumo de energía, al estado del tráfico y el comportamiento del sistema de taxis durante las tormentas tropicales. Es esta comunicación la que mantiene a la pequeña ciudad-Estado siempre en hora. Porque este antiguo enclave del Imperio Británico, ubicado junto al estrecho de Malaca, requiere de la tecnología para combatir las debilidades históricas de un territorio minúsculo y con pocos recursos naturales. Con una atmósfera empresarial propicia para la creación de nuevas start-ups, el país ha ideado soluciones ingeniosas para los problemas de las ciudades contemporáneas: un sistema de video para comprobar la limpieza de papeleras y contenedores, sensores para regular la iluminación pública o un prototipo de transporte autónomo que permite desplazarse por campus universitarios y parques.

 

 

11:00

Al llegar a Orchard Road, el epicentro comercial del país, los jóvenes guardan su smartphone tras tomarse el primer selfie de la jornada. Ahora sus ojos se posan sobre los bailarines que ensayan sus coreografías en la calle. También hay chicos patinando, parejas decidiendo qué desayunar y familias enteras que han venido a pasar el día en la decena de centros comerciales que se encadenan a lo largo de la avenida. La calle bulle entre pantallas gigantes, perfumes fugaces y el vértigo de los autos que corren por la urbe. Del otro lado de la ciudad, en la carretera que toma rumbo a Malasia, la mañana transcurre en silencio. Bukit Brown, el mayor cementerio chino fuera del país, recibe a los peregrinos que han venido a mostrar respeto a sus ancestros. Un remanso verdoso en pleno corazón urbano. La de Singapur es una sociedad envejecida y lo será cada vez más. Para 2030, el país contará con 900.000 ancianos. La nación busca de nuevo la respuesta en la tecnología. Algunos apartamentos sociales cuentan entre su equipo domótico con aplicaciones que a través de sensores y alarmas avisan a los familiares y vecinos del estado de los inquilinos de edad avanzada: de cuando han pasado demasiado tiempo en el baño a si el tiempo fuera de casa se extiende demasiado. La apuesta por la prevención se extiende también a la sanidad. Los hospitales públicos cuentan con un sistema de tele-rehabilitación que permite a los médicos ofrecer terapias personalizadas en casa con datos transmitidos en directo a través de unos sencillos dispositivos. Una solución que mejora el cuidado de los ancianos al tiempo que alivia el tráfico y el uso de las instalaciones públicas. Una respuesta propia de la smartcity que alumbra el camino que las grandes metropolis del mundo habrán de seguir. Singapur alumbra el camino que las grandes metrópolis del mundo habrán de seguir.

 

 

15:00

Al salir del metro, en la Tanjong Pagar Station, mientras algunos turistas consultan en una aplicación para móviles las últimas recomendaciones de la policía, las sombras de colores de Gardens by the Bay, ese deslumbrante parque botánico suspendido sobre las aguas azules del estrecho, conquistan el horizonte. Inaugurados en 2012, los 18 superárboles sostenibles, capaces de recoger el agua de la lluvia y generar energía para su iluminación a través de células fotovoltaicas, se han convertido en uno de los mayores iconos de Singapur: al mismo tiempo una atracción para los visitantes y una síntesis de su filosofía smart. Pero Gardens by the Bay es mucho más. Sus canales y pasarelas son un cofre que esconde el relato de la biodiversidad del mundo, de las selvas tropicales a la cascada interior más alta del planeta pasando por invernaderos acristalados que replican ecosistemas de toda la Tierra.

 

 

19:00

Al caer el sol, las opciones para disfrutar de Singapur se multiplican. Basta con consultar nuestro smartphone para descubrir infinidad de iniciativas: acudir a la isla de Sentosa a disfrutar de su ocio o dejarnos fascinar por el safari nocturno del zoológico donde jirafas, leones, hipopótamos y elefantes serán nuestros acompañantes bajo la luna llena. El reloj del tiempo en Singapur se está apurando, pero no podemos marcharnos sin enfrentar nuestro paladar al relato culinario de esta tierra mestiza. Hay especialidades chinas, indias y malasias escondidas por toda la ciudad. Desde Pagoda Street, en Chinatown, al puente Helix, en Marina Bay. Chilli crab (cangrejo al chile), roti prata (pancake con curry) o mee goreng (tallarines fritos con carne y verdura) son sólo algunas de las especialidades locales con las que los hawkers (vendedores ambulantes) van a conquistarnos. Para acabar este paseo, nos perdemos en Clarke Quay a disfrutar de la noche junto al río. Hay luces, música y esa atmósfera húmeda de las noches mágicas. Aquellas en las que se detiene el tiempo.