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Un fin de semana en Quito

Un fin de semana en Quito

En las faldas del volcán Pichincha se encuentra Quito, riquísima en arquitectura colonial y estilo barroco, míticos barrios y alrededores sorprendentes

La niebla matutina se extiende desde la altura que sólo logra romper el volcán Pichincha, observador milenario del nacimiento y desarrollo de una ciudad. Este celoso guardián del crecimiento de Quito, desde que fue por primera vez habitada por las civilizaciones antiguas y más tarde conquistada por los colonizadores españoles, ha extendido su labor de vigilante a dador de productos para la construcción misma de la ciudad pues, muchos de sus edificios y monumentos, principalmente en el centro, están constituidos por piedra volcánica.

La Iglesia de la Compañía de Quito

Es por eso que todo recorrido por Quito significa apreciar la consumación de una mezcla de naturaleza, arte prehispánico y cultura colonial, cuyo mayor símbolo es la Iglesia de la Compañía de Quito. Está bañada en oro puro en su interior y coronada por un magnífico altar, una enorme cúpula, cuadros representativos de la tradición católica y sinfín de decoraciones geométricas de estilo mudéjar (mezcla de arte cristiano con ornamentación árabe) aplicadas a láminas de oro con detalles en azul.

Concluida en 1765, luego de 150 años de elaboración, es la representación por excelencia de la Escuela Barroca de Quito, la cual es una fusión de los estilos españoles, flamenco, moro e indígena; es decir, un símbolo de la influencia hispana alrededor del mundo en el siglo XVII y, en menor medida, el XVIII. Esta iglesia, riquísima en ornamentación, forma parte del Centro Histórico mejor conservado de toda Latinoamérica que en su núcleo acoge a la Plaza Grande y está resguardado por el Palacio Municipal, la Catedral y el Palacio Presidencial.

Por supuesto, la vasta herencia de esta Escuela Barroca de Quito se extiende hacia otros monumentos que resguardan la ciudad, tales como los Monasterios de San Francisco y Santo Domingo.

Barrios de Quito: historias en el Guápulo y la vida nocturna de La Mariscal

Del centro se desprende el resto de la ciudad, constituida en forma de cresta y localizada en la cuenca que forma la meseta central del Pichincha, por lo cual su calles se ubican a desniveles y provoca que sólo las partes más elevadas de ella sean cubiertas por espesas capas de niebla. Estos ríos de niebla pueden ser apreciados desde las afueras de la ciudad, en uno de los tantos cerros y montañas que la bordean.

Entre ellos, el Guápulo es uno de los más especiales, pues se ubica en una meseta que le separa de la parte más moderna de la ciudad. Si bien es cierto que hoy en día acoge a artistas, escritores y foráneos, especialmente expatriados británicos y españoles, es hogar de otra magnífica historia que compone la mitología de Quito.

Los relatos locales cuentan que este barrio de estilo bohemio, donde por las noches abren cientos de cafés-restaurantes y el ambiente festivo inunda las ciudades, fue el inicio de la travesía que los conquistadores españoles Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana llevaron a cabo para encontrar La Ciudad de la Canela. Una empresa que los llevaría al mismísimo Amazonas.

Esta búsqueda fantástica es lo que ha dotado de un aura especial a este pueblo en la ciudad, cuyo mayor atractivo son los bares del Camino de Orellana. Por supuesto, entre los barrios de Quito se esconde más de esta mezcla de estilos, tales como La Mariscal, famoso por la Plaza Foch. En este sitio se encuentra mayor número de bares y discotecas, así como algunos de los mejores restaurantes de Quito, como el Q Restaurant, el Azuca Latin Bistro y el Azuca Beach.


Los alrededores de Quito: la Reserva Geobotánica Pululahua

Cada pieza que conforma la arquitectura colonial de Quito recuerda que sus entrañas se componen del producto por excelencia de la región: la piedra volcánica. Por lo cual es necesario desplazarse un poco más allá de la ciudad para explorar otra de las maravillas de Ecuador: sí, los volcanes. Partiendo de la ciudad de Mitad del Mundo, con rumbo hacia el norte, se encuentra la Reserva Geobotánica Pululahua, hogar del volcán del mismo nombre.

La Reserva se ubica a aproximadamente 17 kilómetros de Quito y en su forma semeja a una pera. Está dotada de una fauna notablemente diversa, compuesta, entre otras especies, por zorros, pavas de monte y torcazas. Recomendable es ir abrigado, pues por el mirador transitan fuertes y fríos vientos.

En su interior se esconde uno de los dos cráteres en todo el mundo que son habitados, y puedes llegar a él a pie, bajando desde el Mirador del Volcán, el cual se ubica a una altitud de 2,840 metros. Al descender se extiende un mundo de helechos, orquídeas y bromelias, cuyas flores rosas guardan un profundo cáliz. A diferencia de la ciudad de Quito, la arquitectura interna del volcán Pululahua es totalmente de origen natural y, dado que está inactivo desde hace miles de años, incluso podrás hospedarte en él.

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Para descubrir, con nuestros vuelos a Quito, lo que hay tras la niebla que la cubre, es preciso recorrerla a plenitud y hacer cada una de las paradas que el recorrido arquitectónico, fruto de la escuela barroca y el producto de los volcanes, que los cientos de exploradores que la han poblado dictaron en su camino.

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