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Lugares para visitar en Chile

En busca del color de Santiago de Chile

 

Al pisar Santiago de Chile por primera vez y explorar la nitidez de sus escenarios, la pulcritud de sus calles y el orden tan anómalo para una ciudad latinoamericana, sin dudarlo, una palabra se me vino a la mente: sofisticado

 

Por: Luis Monroy
Fecha: 24/11/2015

En Santiago de Chile todo luce delicado y organizado, así como es el proceso de elaboración de sus mejores vinos. A tanto orden que semeja una ciudad europea, a uno como que le entran ganas de meter un poco del barullo que representa a nuestra Latinoamérica pero, en cambio, es mejor seguir aquel dicho que dicta que, a donde fueres, haz lo que vieres. Por ello, Santiago no se recorre, se cata.

Color

¿Cuál es el color de Santiago? Curiosamente, Santiago tiene muchos, dependiendo la zona en que te encuentres. El análisis, la visualización, la marcha, comienza por Las Condes, uno de los barrios más modernos y elegantes de Santiago, y que reflejan ese crecimiento económico que tanto se menciona en los periódicos. Es aquí donde se abstraen las primeras sensaciones de la ciudad.

Caminar por la avenida Isidora Goyenechea es bastante agradable a pesar de la sobrepoblación de oficinistas pues, a pesar de que es una zona financiera de la ciudad, los restaurantes al aire libre, las amplias banquetas (quizá las únicas de la ciudad) reflejan una calma ordenada con la cual apetece tomarse una cerveza de la gran variedad local, independientemente de que el clima sea el gélido de la cordillera o el concentrado calor del verano.

Las Condes, Santiago de Chile. Foto: Aquiles Alonso


Otra opción es subir a la terraza del Hotel W, desde la cual avista el resto de la ciudad con la Cordillera de los Andes como espectacular fondo. Si vas por la tarde, probablemente haya mejor visibilidad de la ciudad debido a la menor concentración de bruma.

La cadencia modernista de Santiago se aprecia mejor desde este lugar, mientras cerveza en mano (recomendaríamos una Gea, una Kross Pilsner o una Trog Kolsch, que por su aroma frutado es perfecta para la tarde) desenvuelve los tímidos pensamientos del primerizo en Santiago.

Tras el intervalo gastronómico y el recorrido por el Santiago más moderno y europeo, llega un momento en que se añora el otro Santiago, el que quizá remita, finalmente, a una ciudad latinoamericana. Por eso la decisión de tomar la avenida Providencia, la principal arteria del país y la que te lleva directamente al puerto de Valparaíso.

En esta calle se representa el viejo sello característico de la región: zonas esmaltadas y elegantes unidas a otras de fachadas viejas y descarapeladas. Combinaciones desiguales que conforman un todo armónico. Puedes caminarla o ir en taxi aunque, vale decirlo, éstos se suelen cotizar como quinceañeras, por lo que es mejor caminar; sólo habrá que permanecer alertas pues en esta avenida las banquetas suelen desaparecer como desafiando las leyes de la física.

Plaza de Armas, Santiago de Chile. Foto: Aquiles Alonso

Aroma

Como estamos en una fase exploratoria de la ciudad, está la opción de caminar toda Providencia hasta alcanzar el centro de Santiago, aunque también vale la pena explorar el metro de la ciudad, pues bien se sabe que no se conoce una ciudad a fondo hasta que se experimenta el submundo del transporte público, donde relucen las particularidades más íntimas de un ciudadano, aquellas que se esconden en la superficie.

Gran sorpresa te llevas al ver que el metro de Santiago, si bien lleno en horas pico (nada que una experiencia previa en Tacubaya o Centro Médico no ayude a sortear) está admirablemente limpio e, inclusive no está tapizado en aerosol. En general, el chileno es bastante ordenado al subir al vagón, aunque uno que otro empujoncito valdrá la pena para lograr ingresar. La experiencia del metro culmina en la estación La Moneda.

El palacio de La Moneda es sencillamente fantástico por evocar los grandes palacios florentinos, así como por la historia que le acompaña. Debajo de él se encuentra lo más impactante: un auténtico bunker convertido en centro cultural, donde se prestan diversas exposiciones, además de que en él se encuentra la Cineteca Nacional, en la cual se suelen proyectar películas de cine iberoamericano. Su constitución es tan rígida, que ni un temblor de los que se suelen vivir en Chile hace temblar sus cimientos.

Museo de las Bellas Artes, Santiago de Chile. Foto: Aquiles Alonso

 

En el centro de Santiago, a ratos te sientes en Francia o en España, en otros en una típica ciudad colonial y, otros, en pleno Coyoacán. Precisamente por eso es porque Santiago tiene distintos aromas. Ejemplos de esto son la Plaza de Armas o el Museo Nacional de las Bellas Artes de Chile, curioso por donde se le quiera mirar.

Por fuera presume un estilo neoclásico, mientras que, por dentro, posee estructuras metálicas que sostienen una especie de bóveda de cristal. En verano, debido a que los rayos del sol traspasan el vidrio en forma de cúpula, se forma una especie de efecto invernadero, así que es mejor no ir abrigado.

Otras dos particularidades más: si cruzas por el pasillo interior junto a las dos principales galerías, te encontrarás en el Museo de Arte Contemporáneo, en cuya ala derecha hay una agradable cafetería donde sentarse a pasar el rato, mientras se observa, por la ventana, el monumental Parque Forestal. Por un lado clásico y por el otro moderno: un reflejo más de la esencia santiaguense.

La segunda es que fuera del Museo (del lado de Bellas Artes) podrás encontrar las balas con que los soldados dispararon contra el edificio durante el golpe de Estado en 1973, tras la presunta acusación de que dentro de él se escondían algunos anarquistas y socialistas. Reflejo de la armonía de toda una pieza histórica.

Para continuar con la degustación de Santiago, vale la pena tomar un aperitivo más. Frente al Museo de las Bellas Artes se encuentra El Castillo Forestal, un monumento histórico construido a la par que el museo y que desde hace un par de años sirve como restaurante auto denominado franco chileno.

El Castillo Forestal, Santiago de Chile. Foto: Aquiles Alonso

 

El interior es meramente francés, desde la decoración hasta la comida. Música de cafetería parisina acompañan el ambiente de la terraza, donde la especialidad, sirviéndose de los frescos productos chilenos, es el quiche de tres quesos y la soup a l’ognion, acompañada de una cerveza Kudzman lager sin filtrar

Sin dudad son colores y aromas fuertes para una mera degustación, pero que, a pesar de la dispar mezcla de ellos, no se reservan esa sofisticación que de golpe se adjudica Santiago. Estos aromas se dulcifican, por supuesto, con la vista hacia el Parque Forestal de Santiago, por una parte, y por la otra, hacia el Museo de Bellas Artes y que preparan, delicadamente, para la inmersión definitiva en Santiago de Chile.