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Recorrido de sueños en Santo Domingo

 

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Sueños que, cuando niños, se expresan con una intensidad indescriptible. Sueños de aventuras en tierras lejanas que involucran todos los sentidos. Sueños que se experimentan sin las restricciones del mundo adulto.

Sueños de ser como Jim Hawkins y subirse a un barco pirata rodeado de hombres codiciosos, con la consigna de buscar un tesoro y con un mapa indescifrable como única pertenencia. Sueños que, sólo en ocasiones, logramos recordar como estrellas fugaces que se avistan en el catalejo de la memoria.

Al poner el primer pie en la isla del tesoro, antiguo reducto pirata, primer avistamiento de la tripulación de Cristóbal Colón, tendremos la oportunidad de revivir esos sueños y recrear en cada escenario de este mundo tropical, con toda la fuerza de la imaginación, aquellas memorias de la niñez. Bienvenidos a Santo Domingo, donde podemos volver a soñar.


 

Ciudad de México – Santo Domingo Santo Domingo - Ciudad de México
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La Romana, Alrededores de Santo Domingo

A lo lejos, los peñascos chocan con las olas embravecidas en lo más agreste de la isla. Es donde los barcos no atracan pero que, a la vista, es tan sólo la escenografía de un bello paraíso natural. Esa vista se percibe desde el gigantesco Malecón, instalado de cara al mar Caribe, un corredor turístico en el cual se encuentran algunos de los mejores bares y restaurantes de la ciudad.

Probablemente viajes por negocios pero hasta éstos se toman un descanso y entonces es cuando hay que sacar ese mapa, el catalejo y lanzarse al Malecón. Si se camina por el corredor en domingo, podrás recorrerlo a plenitud, pues éste se cierra al tránsito.

Entonces, es como si el siglo XVII cobrara vida y los coches fueran intercambiados por carretillas tiradas por gallardos caballos y las esquinas, bajo una gigantesca palmera, se encontraran hoscos piratas sosteniendo una botella de ron y mirando sospechosamente a los transeúntes. Con la imaginación corriendo, arribas a la Zona Colonial, donde Cristóbal Colón y sus marinos dieron sus primeros pasos. Donde comenzó la colonización de América.

Santo Domingo

En estas estrechas calles de adoquín, sombreadas por las antiguas edificaciones coloreadas en otro tiempo, se encuentra la Catedral Primada de América, cuya primera piedra fue colocada por el hijo de Colón y donde, durante su atraco en el siglo XVI, el legendario pirata Francis Drake fijó su reducto tras haber surcado el Caribe.

Como su nombre lo supone, es la parte más antigua de la ciudad, y la cual está separada del sector moderno por el Parque Independencia. Es aquí donde, también, se hallan el Alcázar de Colón, el Monasterio de San Francisco y las antiquísimas casas de algunos de los colonizadores que a la isla llegaron. Ahora bien, cerca de ahí, se encuentran dos museos que se pueden tildar de básicos en una visita a Santo Domingo: el Museo del Hombre Dominicano y el Museo Prehispánico.

Excelentes visitas culturales que un viaje de negocios generalmente no parecería ofrecer. Una buena recomendación sería, a pesar de las vívidas recreaciones de las historias de piratas, no actuar como uno de ellos dentro de los museos, para evitar contratiempos en la comisaría. Tras esto, claramente, un buen botín espera: una comilona en los míticos restaurantes de esta isla caribeña.

Santo Domingo

Algunos de ellos, según los locales y visitantes asiduos, son Pat'e Palo European Brasserie, Pura Tasca, Sophia, el Museo del Jamón y, para verdaderamente atracar la gastronomía local, El Conuco. Cabe decir que la comilona será como la de un buen pirata pues también la imaginación tiene cabida cuando uno engulle la tan deseada comida. (Del viajero depende mancharse las barbas y comer con las manos, por supuesto).

Cuando salgas del restaurante de tu elección, habrás notado que el sol comienza con su descenso. La escenografía de un verde inconfundible se tiñe de ese naranja crepuscular al tiempo que baña las aguas del Caribe pero, antes de encaminarse al punto de partida, el Malecón, se podría hacer otra visita de corte natural.

El Parque Tres Ojos es un agradable encuentro en medio de la modernidad, pues se trata de una especie de manglares atrapados en piedra escarpada. Un avistamiento de naturaleza en medio de los edificios. Otra opción que elevará las imaginaciones de aventuras a un nivel extrasensorial, es conocer el Acuario Nacional, que, además de sus paseos al aire libre, cuenta con un túnel submarino, en el cual, mientras lo caminas con criaturas marítimas nadando a tu alrededor, semejará a esa búsqueda del tesoro tan anhelado. Quizá después de todo el mapa era verdadero.

Ya que la noche se pose sobre la isla e ilumine todo a su alrededor mientras descansa sobre el horizonte del océano, en camino hacia el Malecón, te puedes desviar por el Parque Colón, donde prácticamente a diario se revelan festivales folclóricos. Una vez instalado en el Malecón, la bachata y el merengue que tanto distinguen al país se apreciará en los linderos de la ribera, incluso sin necesidad de entrar a un bar.

Si tienes la suerte de un pirata, te encontrarás con música en vivo en el mismísimo Malecón, como reflejo de la memoria jamás extinta del ambiente bullicioso que se experimenta desde hace siglos. Todo es parte del imaginario aventurero que nos inundó desde que bajamos del avión. Y, por eso, para culminar, se debe hacer honor a todo aquel lugar que se jacte de legendario, como el Club Murciélago, una especie de centro mundial del merengue.

Punta Cana

El viaje terminará donde tu imaginación lo decida o tan profundo como la memoria quiera llegar, pero bien valdría recordarle que existen otros lugares que fueron invadidos por piratas y marinos, como Punta Cana, un espectacular sitio para explorar la naturaleza desbordante de la isla.

Concluida la travesía, el viajero pudiera preguntarse por qué se le ha nombrado la isla del tesoro. ¿Una metáfora, quizá? Sí, puede ser. Sin embargo, preferimos decir que el nombre se adjudicó como por tradición pues, si uno logra reencontrarse con los sueños de la infancia, incluso en un viaje de negocios, el tesoro será más valioso que un cofre repleto de oro.