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24 horas en Toronto

En una ciudad con un museo del arquitecto Frank O. Gehry, una escena artística que no se detiene nunca, y una comunidad de chefs dispuestos a superarse a sí mismos periódicamente, uno desearía correr a hacer de todo. Pero hay que tomarse el tiempo de desayunar, pasar por Saving Grace1 y regalarse un pan francés con queso gruyere y manzanas caramelizadas. Si hubiera demasiada fila, cae de maravilla un café de Ella’s Uncle.

 

 

Es importante ir bien comido, porque cerca de ahí está el área de Ossington, que siempre guarda alguna sorpresa, como la galería Telegramme Prints2, además de las boutiques de diseñadores locales de West Queen Street West, o las de Dundas, donde Mjölk3 ofrece una selección de objetos de diseño que condensan lo más fino de Escandinavia y Japón. En serio.

 

Aunque, si de verdad sólo hay 24 horas, y exposiciones como las que suele ofrecer la Art Gallery of Ontario (ago) —Jean-Michel Basquiat, Henry Moore, Ai Weiwei, David Bowie—, entonces es mejor dirigirse hacia allá tan temprano como sea posible, pues, además, el edificio es uno de los más impresionantes de Gehry, el querido arquitecto de la ciudad. Cerca de ahí, para comer algo, el Bar Raval sirve tapas bien hechas —desde jamón bellotero y navajas, importados de España, hasta conservas preparadas ahí mismo, como la de macarela o la de almejas— y cocteles como el Hot Cake Cubano, con cava, absenta y Havana Club.

 

Pero quizá sea necesario priorizar. En el tema de la arquitectura contemporánea, es obligado pasar por el Royal Ontario Museum (rom), con una extensión construida por Daniel Libeskind, autor del Danish Jewish Museum y del Memorial del 11 de septiembre en Nueva York. En el interior se puede ver una atinada mezcla de antropología e historia natural; pero, con buen clima, el High Park4 es quizás una mejor opción, y una manera de recordar la fuerte influencia inglesa de esta ciudad norteamericana.

 

Luego, los amantes de las alturas que no temen disfrutar de los sitios más turísticos (ni de sus largas filas), podrán subirse a la emblemática “aguja”, o CN Tower5, con su edge walk, que permite enterarse de lo que se siente estar a punto de caer. Ideal para el atardecer.

 

A la hora de ponerse serios —o todo lo contrario—, hay que tomar el aperitivo en el Hotel Drake, ya sea que uno se hospede ahí o no: es de esos sitios donde todo, desde los cocteles hasta las fundas de las almohadas, pasando por las obras de arte que habitan el espacio, lo han convertido en la sede preferida de quienes vienen al festival de cine, a la feria de arte contemporáneo o... a pasársela muy bien a la ciudad.

 

Para cenar como se debe, la mejor opción es Richmond Station, donde el chef local Carl Heinrich sirve todos los ingredientes que los sibaritas suelen “necesitar” estos días —cosas como ostiones, trucha, cordero, betabel, piñón— en combinaciones que atinan más a deleitar que a sorprender nada más porque sí. La prueba más contundente: el pato moscovita con nabos y chutney de ruibarbo.


DIRECTORIO

1 Saving Grace: 907 Dundas Street West; T. (416) 703 7368.
2 Telegramme Prints: 194 Ossington Ave.; T. (647) 351 8998; telegramme.ca.
3 Mjölk: 2959 Dundas Street West; T. (416) 551 9853; store.mjolk.ca.
4 High Park: highparktoronto.com.
5 CN Tower: edgewalkcntower.ca.

 

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